El café siempre ha existido, pero el café de especialidad es un fenómeno reciente que está revolucionando no solo nuestras mentes, sino también nuestros bolsillos y nuestras calles más distinguidas. A Málaga, el café de especialidad llegó de la mano de Bertani Café en 2012. Desde entonces, el número de cafeterías de especialidad ha pasado de 1 a 10 en pocos años, hasta llegar a lo que hoy parecen ser más de 100.
Y el centro histórico ha demostrado ser especialmente receptivo a esta nueva tendencia culinaria. Si hace apenas diez años se veían carteles explicando la diferencia entre una «mitad» y una «sombra», hoy lo que uno encuentra son establecimientos que convierten el café no ya en un medio de supervivencia matutina, sino en un objeto digno de ser degustado.
El conflicto con el precio
Porque, para ser especial, hay que superar una prueba. No solo deben cumplirse criterios de responsabilidad social y ecológica, sino que también debe obtener una puntuación de 80 o más en la escala de exquisitez establecida por la SCA (Specialty Coffee Association). Así, los 3 € que a veces se cobran por un espresso quizás duelan un poco menos. O tal vez no.
Se ha escuchado a más de un malagueño exclamar un indignado «¡pero qué barbaridad!» ante tales precios, negándose a pagar más de 2 € por su café. Prefieren el grano requemado de toda la vida y que la leche de su «mitad» aún hierva un poco cuando llega a la mesa.
Café frente a alcohol
Y aunque es probable que la coincidencia entre consumidores de café de especialidad y miembros de cofradías tienda peligrosamente a la nada absoluta, y que la mayoría de la clientela de Next Level y Santa Coffee hable inglés, también hay un gran número de lugareños que prefieren un buen café por 50 céntimos más antes que un mal café que, encima, te quema la lengua. Pero te sorprendería saber —como me sorprendió a mí— dónde se encuentra el peor café de la ciudad… aunque ya llegaremos a eso.
Antes de eso, nos queda descubrir qué ha hecho que el número de cafeterías de especialidad crezca exponencialmente. Me atrevería a decir, en primer lugar, que no es mera coincidencia que este auge coincida con el descenso en el consumo de alcohol, especialmente entre los más jóvenes. Según algunos estudios, la Generación Z ha reducido el consumo de alcohol hasta en un 60 % en comparación con la generación anterior, mientras que, simultáneamente, el consumo de café de especialidad ha crecido un 80 % en los últimos veinte años.
Lujo auténtico
Esto podría llevar a pensar que las nuevas generaciones han cambiado la bebida de la fiesta y el desenfreno por la del trabajo. Sin embargo, lejos de haber renunciado a las experiencias, la Generación Z las está reinventando. En lugar de salir a la calle a las dos de la mañana con una copa en la mano, salen a las siete con zapatillas deportivas. Y en vez de acabar arrastrándose como pueden hasta la cama, culminan la aventura con un café de especialidad como premio y broche final a su esfuerzo.
Pero, aunque las tendencias generacionales sean importantes, en mi opinión, la verdadera razón del éxito del café de especialidad reside en lo siguiente: cumple una promesa aparentemente imposible de mantener, la de ser un lujo auténtico al alcance de cualquiera. Todo el mundo puede permitirse un café, aunque sea el más caro de la ciudad.
Para quienes tienen paladar de rey y presupuesto de vagabundo, tomar un café así nos hace sentir un poco menos desdichados. No podemos permitirnos una comida con estrella Michelin, pero sí un desayuno, y así participar, modestamente, de lo mejor que la ciudad tiene para ofrecer.
